“¡Señor mio y Dios mio!” (Juan 20:28)

“¡Señor mio y Dios mio!”

Esta exclamación “¡Señor mio y Dios mio!” exclamada por parte de Tomás en Juan 20:28, es una «exclamación de asombro» que no pudo ser dirigida a Jesús, sino a Dios el Padre. 

Los judíos ya utilizaban la frase “Dios mío y Señor mío” en el Antiguo Testamento dirigiéndose a Jehová Dios. En Salmos 35:23, el salmista dijo a Jehová: Muévete y despierta para hacerme justicia, Dios mío y Señor mío, para defender mi causa.

Aquí está claro que el salmista se refería a Jehová con la espresión, “Dios mío y Señor mío,” porque Jehová era el Dios de Israel. También se dirigían a Jehová como “Rey mío y Dios mío” (Sal 5:2).

Estaba profetizado también en Salmos 22:1 que Jesús en su agonía por tanto sufrimiento, clamaría a su Dios y Padre con la expresión “Dios mío, Dios mío”, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?

Mateo y Marcos registran el cumplimiento de las palabras de Salmos 22:1. Mateo nos dice: Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46). Marcos dice: Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Marcos 15:34).

Cómo va ser posible que Tomás pensara que Jesús era este Dios a quien Jesucristo clamaba: “Dios mío, Dios mío,” ¿por qué me has desamparado? ¡Por favor!, usen la cabeza trinitarios! El texto griego dice literalmente: ¡El Señor de mí y el Dios de mí!. En la nota a pie de página, el Nuevo Testamento Interlineal Griego _ Español por Francisco Lacueva dice que ¡El Señor de mí y el Dios de mí! está en vocativo, y te dice que lo compares con Hebreos 1:8.
¿Qué quiere decir Francisco Lacueva con vocativo? Quiere decir que Jesús es la persona a quien tomás se dirige. Sí es verdad que se dirige a Jesús, pero la exclamación de asombro “¡Señor mio y Dios mio!” no es para Jesús, sino para Dios el Padre. En nuestro tiempo cuando una persona nos da una buena o mala noticia, algunos inmediatanente decimos: ¡Dios mio! Oh my God! a la persona que nos dio la noticia. Pero con exclamar enfrente de esa persona  ¡Dios mio! Oh my God! no estamos diciendo que él sea ese Dios a quien exclamamos. Lo mismo sucedió con Tomás, se asombró cuando vio a Jesús en persona y exclamó en frente de Jesús “¡Señor mio y Dios mio!”. Pero con decir eso no estaba diciendo que Jesús era ese Dios a quien exclamaba.

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